El Rav Sión Leví

El Gaón Rabí Tzión Leví, de bendita memoria, Rav Principal de la Comunidad Shevet Ajim de Panamá, es el hombre cuya gran visión permitió fundar la Yeshivá de Panamá. Su estilo único y sus ideas le dieron forma al camino y los programas de la Yeshivá.

Los años de su niñez

El Rav Tzión Leví nació en el año de 1925. Fue hijo del Rav Yaakov Leví, escriba del Bet Din de Rabí Refael Elnekawe, en Fez, Marruecos, y posteriormente uno de los mekubalim de la Yeshivá Bet-El de Yerushaláim. Su madre, la Sra. Esther, lo dio a luz a su llegada al puerto de Yaffa, cuando emigraron a Éretz Israel.

odot harav 2Desde su tierna infancia se dio a conocer como un niño prodigio. Los grandes rabinos de Yerushaláim se deleitaban con sus estudios, y desde muy temprana edad lo enviaron a la Yeshivá Porat Yosef, en Yerushaláim, cuyo dirigente, Rabí Ezrá Atie, de bendita memoria, notó en él todos los ingredientes para formar a un sabio prominente. Así, desde sus nueve años de edad lo incluyeron en las clases junto con niños de doce y trece años de edad, y por las noches estudiaba javruta con una de las grandes luminarias de Torá, el Rav Yosef Shlush, quien debido a su enfermedad en aquellos días, le pidió a Rabí Yaakov Leví que le enviara a uno de sus hijos para estudiar con él.

En la Yeshivá Porat Yosef solía estudiar javruta con el Gaón y futuro Rishón LeTzión Rabí Ovadia Yosef, y pasados varios años se unió a su grupo el Gaón Rabí Ben Tzión Abba Shaul, de bendita memoria. En el grupo también participaron el Gaón Rabí Baruj Mizraji —pasados los años— Ben Jaim, Rabino de la comunidad Sharé Tzión de Nueva York; Rabí David Shlush, Rabino de la ciudad de Netanya; Rabí Jaim David Leví, de bendita memoria, Rabino de Tel Aviv, entre otros.

De la infancia a la adolescencia

Durante su adolescencia falleció su padre Rabí Yaakov, de modo que el Rav Tzión, con 18 años recién cumplidos, se vio con la responsabilidad de mantener a su familia y continuar sus estudios en Yeshivá. Por las tardes salía a enseñar matemáticas en la Gimnasia del barrio de Rehavia, y los viernes se ganaba la vida haciendo todo tipo de trabajos pequeños, para poder mantener a su madre y hermanos.

Su hermano mayor, el Rav Moshé Leví, de bendita memoria, antiguo Rabino de la ciudad de Bat Yam, ya era un hombre casado y padre de familia, por lo que la responsabilidad cayó principalmente sobre los hombros del Rav Tzión Leví. Sin embargo, pese a todas las adversidades, logró titularse como Rabino y Dayán con el certificado de los más grandes rabinos de Yerushaláim, el Rav Ben Tzión Uziel, entonces Rishón LeTzión; el Rav Tzvi Pésach Frank, Rabino de Yerushaláim; el Rav Aizik Hertzog, Rosh de los Rabanim de Éretz Israel; el Rav Jizkiyáhu Shabetay, y obviamente su Moré y Rabino Rabí Ezrá Atié, de bendita memoria.

Después de su boda con la rabanit Sara, de la familia Bitón, que en paz descanse, lo presionaron mucho para que recibiera el papel de director de la división de kashrut nacional, y se dio a conocer como un hombre recto y observador inamovible de la Kashrut, por un lado, y como un conocedor sumamente perspicaz que podía resolver todo tipo de complicaciones que surgían en el sistema en aquellos años, por el otro.

Cómo llegó el Rabino a la lejana Panamá

Después de varios años en ese cargo, llegó un emisario de la comunidad de Panamá para solicitar de los rabinos que enviaran un rabino para su comunidad. La situación en aquellos días era sumamente difícil, aunque el representante de la comunidad se esmeró por disfrazar la situación lo mejor posible. Los rabinos entendieron que la situación de Panamá no cumplía con las condiciones mínimas para recibir a un Rabino ortodoxo y ofrecerle una vida de familia razonable.

"Hay uno solo que podrá estar a la altura del desafío".

odot harav 3Los rabinos se pusieron de acuerdo y aceptaron llamar al Rav Tzión Leví: "Nosotros, el Bet Din de Yerushaláim, dictaminamos que debes viajar a Panamá para servir de Rabino en su comunidad". Esas fueron las palabras del Rav Tzvi Pésach Frank, sin dejarle otra opción al joven y fiel Rav.

En pocos días, el Rav Tzión Leví y su esposa empacaron sus pocas pertenencias y emprendieron el viaje a Panamá.

La gente de la comunidad se conmovió con la noticia: se reunieron para dirigirse al aeropuerto (en aquellos días sólo era choza de lámina con un escritorio) y organizarle la bienvenida.

La alegría fue grande al ver la presencia del joven rabino que había llegado para radicar en ese nuevo país.

Sin embargo, el semblante de Rabí Tzión Leví oscureció cuando llegó a la ciudad de Panamá y presenció el desierto espiritual que reinaba ahí: no había mikve, no se realizaba shejitá, no había supervisión de kashrut. Difícilmente contaban con un Bet Knéset con un séfer Torá, de calidad dudosa, y ni qué decir de un minián de gente que observara Shabat.

"Quise huir corriendo", contó con el paso de los años. "Sin embargo, después de dormir ahí la primera noche, en la madrugada le dije a mi esposa: Sará aquí debemos edificar una comunidad desde sus cimientos. ¿Aceptas quedarte conmigo aquí para lograrlo?". Con su respuesta afirmativa, el Rav selló su decisión en su corazón. Era sabido que cuando él tomaba una decisión era definitiva. A partir del día siguiente, con un vigor impresionante, comenzó la empresa de edificar la comunidad, una tarea que extendió a lo largo de los 54 años que vivió en Panamá, con una consistencia inquebrantable, sin permitir que ninguno de los obstáculos lo detuviera. Así consiguió el Rav Tzión Leví levantar la comunidad sefaradí más hermosa del mundo.

La construcción de la congregación Shevet Ahim

El primer paso fue construir una mikve de purificación. Desde entonces el Rav hizo hincapié en la importancia de la pureza de la familia y las leyes de nidá. La profanación de Shabat, comer taref y las demás transgresiones tienen forma de ser corregidas, sin embargo, quien nace defectuoso, así se quedará toda la vida, por lo tanto, el Rav siempre se esmeró para que los miembros de la comunidad fueran muy cuidadosos con todo lo relacionado con la pureza de la familia. Después de terminada la mikve, dirigió su atención a la situación del kashrut. No se realizaba matanza kasher. Así pues, el Rav iba todos los días al mercado de aves de los goim con un cuchillo para realizar shejitá. Se dirigía entonces a las señoras de la comunidad, suplicándoles literalmente que le permitieran hacer shejitá a las aves, antes de que el carnicero las matara con un machetazo muy a su modo. Así, poco a poco, el Rav comenzó a avanzar con la comunidad. Todos los días pasaba con su coche para recoger a la gente y llevarla al rezo a fin de que hubiera minián. Entonces todavía no había un minián de gente que observara Shabat, pero sí un minián para que respondieran amén en el Kadish y la Kedushá.

Los primeros años en Panamá fueron muy duros. No solo desde el punto de vista comunitario, que era apremiante, sino también desde el punto de vista económico, la situación no era buena. El salario del Rav era bajo, y —según contó después de varios años— hubo ocasiones en que él y su esposa sólo podían permitirse una sopa con algo de verduras. No obstante, él siempre repetía la oración que le dijo a su esposa, la rabanit, el día de su compromiso de bodas: "Yo soy un bajur yeshivá, huérfano y pobre, pero hay algo que sí te puedo asegurar: ¡tendremos una mesa de reyes!". Y así fue.

"O compañero o..."

odot harav 4Otra dificultad inmensa que tuvo que superar el Rav fue su soledad en los estudios de Torá. Repentinamente, de ser un joven relacionado con la crema y nata de Yerushaláim, se vio completamente solo, sin un alma que pudiera unírsele en las batallas del estudio de Torá. Esa fue una de sus aflicciones que tuvo que soportar durante varios años. Sólo de vez en cuando llegaban enviados de Israel para recolectar donativos, entonces aprovechaba para hacer con ellos un trato: a cambio de ayudarlos en su recolecta, ellos debía sentarse con él a estudiar Torá.

Así pasaron varias décadas y años de esfuerzo, todo para seguir creciendo en sus estudios de Torá. En sus últimos años recordaba mucho ese tema: Hashem le dio el mérito de tener ese gusto y tranquilidad.

Fue entonces que eligieron al Rav Yinon Raviv shelita, para que viajara y asumiera el cargo de Rosh Kólel en Panamá. Al Rav Tzión le gustó el estilo de estudio del Rav Yinon, y pasaban largas horas diariamente estudiando Torá. Y no sólo una vez dijo: "Lástima que no llegaste hace diez años a Panamá. Hubiera gozado de otros diez años de alegría y felicidad verdaderas".

En sus años de servicio y entrega por la comunidad, inculcó y selló en la comunidad cientos de costumbres que hasta la fecha siguen firmes entre sus miembros.

La comunidad Shevet Ajim, de ser un pequeño grupo de unas cuantas familias, se convirtió en una comunidad de renombre mundial: Cinco escuelas, un seminario de señoritas, una Yeshivá Ketaná y otra Guedolá, una Midrashá de Morot, escuelas sumamente sofisticadas, clases de Torá, un centro comunitario inmenso, y sobre todo miles de yehudim que observan Shabat, comen kasher y andan por los caminos de la Torá.

Caridad y bondad

El Rav Tzión Levi, de bendita memoria, era un hombre de visión y acción. Se interesaba por todo lo que ocurría en el mundo, pero especialmente en Israel. La situación de los judíos en Éretz Israel le interesaba mucho. La gente pobre de Israel y las instituciones siempre fueron objeto de su gran apoyo, gracias a que para él era sumamente importante mantener ese vínculo con la tierra de Israel. Siempre se expresaba y explicaba que educó a su comunidad para que apoyara a la Tierra de Israel, pues, a fin de cuentas, ahí es donde todos tendrán que llegar.

Materialización de la gran visión del Rabino

Lo que hacía mucha falta en Israel, desde su punto de vista, pese o quizá por el gran número de kólelim y yeshivot, era precisamente un Bet Midrash pequeño, que eligiera a los mejores avrejim, a las promesas del mundo de la Torá, para brindarles un apoyo especial: mucho más de lo que se suele dar en el mundo de las yeshivot, para poder formar la generación de nuevos dirigentes espirituales de Éretz Israel, y no sólo un kólel más.

odot harav 5Rabinos que dominen bien toda la Torá, las cuatro partes del Shulján Aruj, con entendimiento de la vida comunitaria, el anhelo de izar el estandarte del judaísmo en todo el mundo, y el intento de producir desde ese Bet Midrash grandes Talmidé Jajamim, como los que había en Porat Yosef cuando el Rav era joven.

La gran visión del Rav Tzión la puso en práctica su alumno, el Rav Yinon Raviv, shelita, en Yerushaláim, con un Kólel que fue llamado Yeshivat Panamá, en honor y recuerdo del Rav Tzión Levi.

En la Yeshivat Panamá se estudia según la visión del Rav Tzión Levi, siguiendo su ejemplo espiritual. Se estudia Talmud a fondo, para entender las conclusiones de halajá en todos los campos. Ahí se edifica a cada avrej de manera metódica para lograr materializar la visión del Rav Tzión: formar pastores espirituales llenos de sabiduría y Torá para el pueblo de Israel.

El Rav Tzión Leví fue conocido, no sólo por su grandeza de Torá, sino también como un gran erudito y hombre de gran experiencia y liderazgo que formó a la comunidad Shevet Ajim. Así pues, cuando se inició la Yeshivat Panamá, para concretizar su visión, se hizo énfasis en el "Quinto Shulján Aruj": capacidad de liderazgo. La formación de los avrejim como guías de camino y gente de palabra, es para que llegado el día, al finalizar sus estudios, puedan continuar por el gran camino que él señaló: levantar y dirigir grandes comunidades en Éretz Israel y en el resto del mundo.

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